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El Ángel Dadá. Recuperando la figura de Emmy Ball-Hennings

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Fernando González Viñas y José Lázaro Marcos vuelven a juntar fuerzas en “El Ángel Dadá”, novela gráfica que reivindica la vida y obra de una de las impulsoras del Dadaísmo y del Expresionismo alemán, hoy día injustamente olvidada.

¿Cómo fue el proceso de creación del libro? ¿Los textos iban marcando cómo habrían de ser los dibujos? ¿Se fueron creando a la par?

Este es nuestro tercer proyecto juntos (tras “El último yeyé” y la breve obra ganador del concurso de cómic de Medina Azahara) y siempre trabajamos igual: yo hago primero el guion, una especie de storyboard, introduciendo incluso los bocadillos para ver de algún modo si el texto encaja o es excesivo. Luego Lázaro hace su propia versión gráfica, aprovechando toda la documentación histórica que le aporto, incluso fotografías de los protagonistas, de la época, las ciudades. Yo soy historiador, así que es un trabajo que él agradece y yo disfruto. Es decir, aquí sí hay primero un huevo y luego una lustrosa gallina. El objetivo final es que todo encaje, y teniendo en cuenta la maestría de Lázaro a los lápices, procuro que el guion esté a la altura.

La novela tiene como protagonista a una artista clave en el desarrollo de las vanguardias europeas, a día de hoy sorprendentemente olvidada, ¿Cuál sería el motivo de haber decidido crear una novela gráfica sobre su persona?

Me encontré con Emmy, a la que yo también apenas conocía, más allá de ser parte de la creación del Cabaret Voltaire, por mi trabajo como traductor de alemán. He traducido tres libros de su marido, Hugo Ball, a cual más distinto, y de pronto ella comenzóa crecer como influyente -y arrinconada historiográficamente- protagonista de su vida. En la novela “Flametti o el dandismo de los pobres”, de Ball, autobiográfica, descubrí la mísera y azarosa vida de la pareja, y cuando supe de la aventura amorosa de Emmy junto al republicano español Del Vayo (fundador posteriormente del grupo terrorista FRAP) y como Ball los persiguió a ambos con una pistola, llamé inmediatamente a Lázaro y le dije, saca punta a los lápices que esto hay que contarlo. El hecho de que nada de lo que ella escribió estuviese publicado en español, no poemas, ni novelas, hacía apetitoso presentarla en sociedad. Un reto que por cierto ha servido también para que la editorial El Paseo me encargase la traducción de su primera novela, “Cárcel”, que llegará muy pronto a las librerías y que espero que tenga continuidad con sus otras obras.

¿Ha sido necesaria una documentación exhaustiva para ser fieles a episodios de su vida u os habéis otorgado libertad creativa para desarrollar la trama de la historia?

La documentación ha sido muy exhaustiva, obsesiva, añadiría yo. Su vida es tan interesante, revolucionaria para una mujer de principios de siglo, libre y mísera a la vez, que no hacía falta recrear un mundo ficticio que nunca iba a superar su realidad. No obstante, hay alguna licencia literaria, cómo no, pero he procurado que más allá de ello, todo encaje con su biografía, desde lo que pudo decir en un momento determinado, a lo que creo que hubiese hecho. Por poner un ejemplo, no hay testimonio histórico de que hablase con Lenin, pero cuando ella y Ball inauguran el Cabaret Voltaire en Zurich y crean el Dadaísmo, Lenin vivía exiliado en la misma calle, un par de casas más arriba. ¿Fue Lenin al Cabaret alguna noche y vio cantar a Emmy o recitar poemas guturales a Ball o Tzara? La tentación de ponerlos juntos a hablar sobre los anhelos de cada uno era irresistible.

¿Queda algo de la irreverencia y espíritu contestatario del movimiento Dadá del que Emmy Ball-Hennings fue uno de sus pilares o ha quedado asimilado como un simple eslabón más en la historia del arte?

El Dadaísmo es un pilar básico del arte actual. Son ellos los que crean el escándalo por el escándalo, la publicidad y propaganda como fin en sí mismo, por encima incluso de la obra y el mensaje, los que instauran la performance como una acción artística… El arte era un cerdo cebado al que ellos le abren las tripas. La diferencia es que actualmente ese arte provocador contemporáneo no deja de ser en muchos casos -generalizar sería un error- un manierismo vacuo. El Dadaísmo nace en un contexto de guerra mundial, trincheras y gas mostaza, era una respuesta de denuncia ante el caos y la deshumanización. Era un juicio crítico. ¿Sigue entonces vivo hoy? Las herencias están para dilapidarlas.

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