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Brutalismus: Arquitecturas de la utopía

El fotógrafo Carlos Traspaderne ha recorrido una decena de países para plasmar la cruda belleza de edificios construidos bajo la estética del Brutalismo, estilo arquitectónico surgido en los años 50 del pasado siglo caracterizado por lo rotundo de sus estructuras, alejadas de la belleza convencional.

El Brutalismo es un estilo controvertido dentro de la arquitectura, con grandes entusiastas y detractores del mismo, ¿qué es lo que te cautivó del mismo para embarcarte en semejante proyecto?
Me parece un movimiento tremendamente atractivo por su fuerza heroica, su vocabulario imperativo y el tratamiento escultural que hace de los edificios, que a pesar de estas características tan distintivas (o precisamente por ellas) se ha visto ninguneado con el declive del gran proyecto moderno, del que puede que sea el último y orgulloso símbolo. Justamente en ese menosprecio, con la oscuridad del desconocimiento sobre muchas de sus obras, es donde encuentro el placer de la búsqueda, la aventura y la sorpresa, que me ha llevado por toda Europa cargando con una cámara de los 70.


¿Ese uso innovador del hormigón, que se propagó además rápidamente por casi todo el globo, tuvo algo de reivindicación política o fue más bien por necesidad de adaptarse ante la carestía de los materiales?
El Brutalismo fue un movimiento eminentemente progresista en su visión social, lo que no impidió que muchos de sus patrocinadores y practicantes fueran abiertamente conservadores. Cultivaba la idea de una vivienda digna para las clases más humildes, mientras experimentaba con la épica del edificio público en los grandes proyectos representativos, donde el edificio se presenta como un logro colectivo. Dicho esto, este movimiento casi siempre se encuentra vinculado al poder, ya fuera en la órbita soviética o capitalista, el único que podía cumplir la grandeza de sus sueños. Incluso el poder religioso, sirvan de ejemplo las magníficas iglesias levantadas en hormigón, donde las texturas alcanzan su clímax sensorial con los sutiles juegos de luz.


La elección de una cámara analógica de medio formato y elegir hacer las fotografías desde el punto de vista de un transeúnte no parecen ser una decisión casual a la hora de dar forma al libro.
Creo que es una de las claves del proyecto: con otra combinación de factores el resultado sería completamente diferente. De hecho, creo que la reducción de opciones es una buena forma de llegar a la depuración narrativa: se crea una sensación de serie mientras se reducen los deslices.


¿Es a día de hoy el Brutalismo un estilo que siga vigente o las formas de construir y el uso de materiales han cambiado?
Hoy el Brutalismo está tan vigente como pueda estarlo el Gótico: ambos son productos de su época y sociedad. Dicho esto, muchas de sus lecciones siguen muy vigentes, sobre todo si nos atenemos a un análisis de sus ambiciosas aspiraciones y de los resultados concretos. En el plano material, el hormigón se ha demostrado como un elemento contaminante, emisor de CO2, sin embargo, nuevas mezclas y sobre todo su longevidad lo pueden convertir en una buena opción ecológica para el futuro. Y, sobre todo, lo más ecológico es renovar y reutilizar lo ya construido; la tabula rasa constante es un desastre planetario. De ahí que reivindique en este proyecto su revaloración: porque más allá de la pura estética está la ética de conservar el producto cultural de las generaciones que nos precedieron.


¿Puede tratarse del estilo que marcó la arquitectura en la segunda mitad del siglo XX?

El Brutalismo nació en los años 50 como una reacción. Frente al estilo moderno internacional, el de las cajas de acero y cristal corporativas, los nuevos arquitectos respondieron con un estilo libre, donde la pureza de estructuras, materiales y texturas darían un sentido artístico a la vida urbana. Si lo consiguieron, o solo se quedaron en una opresión dirigista, es un debate que ya no pertenece ni a nuestra época: a nosotros nos corresponde apreciarlos, como lo hacemos con una ermita románica. Descubrirlos a la vuelta de la esquina es una experiencia única: es la aventura de lo conocido ignorado.

“Brutalismus”. Carlos Traspaderne (@charlystardust) Editorial Aloha 308 páginas.

David Tijero Osorio:
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