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Próxima parada: Estación Abando Indalecio Prieto

El plan de revitalización y regeneración de la ciudad de Bilbao, antigua urbe de carácter industrial y recordada por lo gris de su paisaje, es un caso de estudio a nivel internacional, puesto como ejemplo de cómo un entorno industrialmente decadente y degradado supo reconvertirse en una moderna ciudad, a la vanguardia en servicios, diseño y arquitectura. La otrora ciudad de fábricas e industria pesada instalada en pleno entorno urbano hasta mediados de la década de los noventa, dio paso a un entorno urbano mucho más amable y enfocado principalmente al sector servicios. Un éxito que se ha intentado reproducir con desigual fortuna en numerosas ciudades de todo el mundo.

Tras una dura reconversión industrial, las fábricas obsoletas fueron derribándose, se ganó en calidad del aire y la ría fue saneándose. Mejoraron los servicios de transporte público y accesibilidad a los barrios, las vías de entrada a la ciudad, aumentó el espacio para el peatón y las zonas verdes. También llegaron la inauguración de edificios emblemáticos tales como el Museo Guggenheim Bilbao, el Palacio Euskalduna o la reapertura de la Alhóndiga, hoy día llamada Azkuna Zentroa en homenaje al alcalde Iñaki Azkuna, antiguo almacén reconvertido en centro destinado al ocio y la cultura y de ese modo Bilbao pasó a entrar de lleno en el circuito de las ciudades capacitadas para albergar la realización de grandes eventos y a convertirse en destino prioritario de turismo ávido de cultura y buena gastronomía.

Una mutación urbanística que sus ciudadanos vivieron con orgullo y también con mucha paciencia, por las innumerables obras habidas en la ciudad durante más de dos décadas, llegándose a contabilizar la cifra récord de cien zonas de obras simultáneas en el año 2005 a lo largo de toda la ciudad. Una mutación aún inacabada y cuya próxima fase está cerca de iniciarse con una obra de importancia estratégica como es la llegada de la alta velocidad a la ciudad. Una muy larga espera que parece ya va camino de tener plazos de ejecución definidos y que afectará a una de las instalaciones más emblemáticas de la ciudad como es la Estación de Abando Indalecio Prieto.

Inaugurada en 1948 como Estación del Norte, es la principal conexión ferroviaria de la ciudad. Una joya arquitectónica, muy característica de la época en la que se diseñó y que cuenta como elemento más destacado con una de las mayores vidrieras policromadas de todo el País Vasco, compuesta por más de trescientas piezas y firmada por Jesús Arrecubieta a partir del boceto de Miguel Pastor Veiga en la que se recogen escenas costumbristas de la sociedad vizcaína de la época.

Una de las piezas más importantes del patrimonio arquitectónico de la ciudad sobre la cual se cernieron dudas al saberse que la estación sería el punto de llegada a la villa de la línea de alta velocidad. Dudas que quedaron despejadas al asegurarse que las obras a acometer respetarán tanto la cristalera como el amplio hangar que compone la estación y que se extiende a lo largo de buena parte de la calle Hurtado de Amézaga. Unas obras que prometen ganar un amplio espacio urbano ahora ocupado por vías de ferrocarril puesto que se prevé el soterramiento de las mismas y que unirá por fin el popular barrio de San Francisco con el centro de la ciudad.

Unos trabajos que tienen previsto su inicio durante el año 2020 y para los que se estiman una duración de cuatro años hasta que esté todo listo para que los trenes de alta velocidad puedan llegar y de no menos de siete hasta que toda la zona que a día de hoy es de vías abiertas quede soterrada, dando por finalizada así una de las grandes obras pendientes a las que Bilbao ha de hacer frente para culminar su proceso de regeneración urbana.

David Tijero Osorio:
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